Soy mezquina, te lo digo yo primero, pero ahí va algo mío.

 
Mi cuerpo había quedado tendido en la mesa. Invernal, solo. Un poco más duro que antes, un poco más frágil. Me duele incorporarme, como cuando te dan un golpe seco en la boca del estómago. Tardo un tiempo en ponerme la ropa que está mezclada con la suya. Lo logro a duras penas, sin detalles, a grandes rasgos. Me mira en silencio y una angustia se precipita como una lluvia torrencial en mi garganta. Las lágrimas me salen por la boca como una baba inocente. Tiemblo de brazos cruzados. Me muevo dubitativa hasta llegar cerca. No se inmuta.  Me despido.  Sus manos que me tocan no sienten el frío de mis partículas de nieve.