Madrugada eterna.

Preguntas de alguien con cabeza.

En esta ciudad sin subterráneo y con buen clima no queda otra cosa que ver televisión. 

¿Porqué los autos de los mecánicos son tristes?


Siempre están esperando el mejor repuesto. Su momento. Ese tiempo que le prometieron dedicarle que no llega nunca. Siempre mal estacionados. Sin lugar fijo dentro del taller. Con las puertas rotas y la mancha de codo tatuada sobre ella. Nacidos en este mundo para ocupar el primer lugar y viviendo una vida de segundones. Cuando lo vendan acabará su dolor. Se preguntarán estas máquinas llenas de grasa. ¿Yo no debería ser el mejor auto del mundo?. 




Qué más se puede pedir en una ciudad sin subterráneo. 
Que se prende fuego. 
Con tres canales de aire. 
Un gobernador. 
Un intendente. 
Y nadie que sea miembro de la farándula porteña.