Soy el 252 que se apoya en este caño. Los fumadores me dan tanto asco como los gatos. Es una raza que ensucia el planeta. Cuando uno compra un paquete saca el envoltorio de nylon que lo protege y lo lanza al espacio exterior como si hubiera un campo de energía que lo hará desaparecer al instante. Y termina de fumar lanzando el cigarrillo al aire como si este fuera biodesagradable. Con suerte te tira el humo en la cara y te hace perder por el orto todo el aire puro que consumiste en tu vida. Los gatos no sirven. Matan pájaros y eso basta para odiarlos. Yo vivo con uno de nombre idiota. Pirucho. Deja los pájaros desnucados y ni los saborea. Se vuelve a comer su comida gay. Comprada en supermercado. Un gato no mueve un pelo si están violando tu hija y un fumador no larga el pucho. Segundo motivo para aborrecerlos. Los fumadores son los tipos más egoístas del planeta junto con los gatos. No se preocupan si la policía mató a un maestro o si al lado suyo alguien necesita ayuda. Yo pensaba antes que la perversión había contaminado la raza humana. Ahora pienso que la banalidad y la estupidez con que enfrentamos esta absurda derrota sin final que es la vida. Con la cara aplastada por un sparring que no nos quiere escuchar. ¿Quién se llevo mi propina?.¿Quién tiene mis siete mujeres?. Vivo en una ciudad que debo verle la cara a miles de personas que no conozco y los veo todos los días. No quiero saber sus nombres. No quiero saber a quienes votan. Me interesa esa pieza oscura que acarrean, esa que imponen para que uno viva con la mano en la espalda. Los argentinos somos mujeres despechadas. Siempre quejandonos de lo que no podemos ser. De lo malo que son los otros. Con la postura de quién nunca tuvo una buena noche de sexo. Y el maestro muerto despabila lagañas. Yo no soy quien para decir nada. Pero tampoco soy quién para callarme. Mi liberador de espacio no funciona. Soy un disco rígido con la naríz desmembrada. El otoño me pone los pelos de punta. Soy Hellraiser. Estoy débil. Que vengan todos los gordos de Cuestión de peso a abrazarme. Que duerman en mi cama. Este invierno será duro. Y yo sin Bjork.